¿Y si atesoramos rayos de sol?

Diario Clarín

Para los más pequeños A través de una familia de ratones plantea la dicotomía entre pragmáticos y soñadores.Siempre son gratificantes los espectáculos que nacen del semillero del Grupo de Teatro Catalinas Sur. Esta vez es El ratón del invierno, del Grupo de Títeres Catalinas Sur, que con dramaturgia y dirección de Ximena Bianchi -egresada de la Escuela de Titiriteros del Teatro General San Martín- cuenta una historia que abreva en la tradición de la fábula.

Una familia muy numerosa de simpáticos ratones de campo, cada uno con su personalidad, empieza a inquietarse porque está por llegar el invierno, y si no juntan víveres padecerán el hambre propio de la estación del frío. Se azuzan unos a otros para conseguir los alimentos que les asegurarán la supervivencia, pero uno de ellos, Floreal, es un soñador incorregible, y mientras los demás roban huevos él junta rayos de sol; mientras los “razonables” recogen leña, él amontona colores. ¿Para qué servirán estos bienes etéreos que Floreal se empeña en atesorar?

Con el espacio organizado en varios planos de acción, con retablos dispuestos a distintas alturas, los títeres de varilla -todos fabricados sobre un mismo patrón que varía los detalles de cada personaje-, viven en las manos y en las voces de los manipuladores (Corina Renoldi, Gabriela Cabral, Gilda Arteta, Gonzalo Acuña, Gonzalo Guevara, Marcos Guillen, Mercedes Abraham, Monica Rebolini, Nora Churquina, Roy Falco y Zoe Mitre) sobre una escenografía colorida que remeda la campiña o el río. Las canciones compuestas por Gonzalo Domínguez y Gilda Arteta, de tinte folclórico, hilvanan situaciones y le imprimen el ritmo al relato.

Un espectáculo lleno de mística, bello y divertido, que enamora a los más chicos, quienes por momentos relatan lo que sucede en escena.

El ratón del invierno -tercer espectáculo del Grupo de Títeres Catalinas Sur- ratifica la impronta del Grupo de Teatro Catalinas Sur, un emprendimiento nacido de la voluntad de una agrupación de vecinos, que este año celebra su 30º aniversario. Una impronta marcada por la afinidad estética e ideológica con las corrientes más populares del teatro rioplatense. La moraleja de esta fábula queda en suspenso. Quien desee saber para qué sirven unos rayitos de sol o un montón de colores no tiene más que visitar El Galpón de Catalinas y averiguarlo.