“Una fiesta teatral que desciende de los barcos”

Diario Clarín

“Una fiesta teatral que desciende de los barcos” El grupo catalinas sur, con dirección de Adhemar Bianchi, recreo en “Venimos de muy lejos” la epopeya, ilusiones y padecimientos de los inmigrantes.
Estrenado en 1990 el espectáculo integra en su numeroso elenco, a vecinos de La Boca, y de otros barrios porteños a quienes une la misma voluntad de recuperar la memoria de sus abuelos y la propia identidad.

En el escenario del galpón recientemente convertido en teatro, unas ochenta personas forman parte de un espectáculo en el que se cuentan historias protagonizadas por familias de inmigrantes. Desde una atildada y concentrada mujer en el papel de una madre judía que ha superado los 90 años, hasta un chiquito, en brazos de su padre, que canta las canciones aprendidas a lo largo del tiempo. Es un acto de amor y entusiasmo de un grupo que, junto con la alquimia de los títeres, los muñecos gigantescos, los músicos y las murgas, transforma acontecimientos reales o mitos en representación.

A través de una serie de episodios, los intérpretes rememoran historias de los inmigrantes que llegaron en los barcos, evocan la esperanza de una Argentina exultante y prometedora y la realidad del conventillo, la falta de trabajo, la solidaridad ante los atropellos del poder, la huelga de los inquilinos, la irrupción de los anarquistas, la Ley de Residencia.Y no olvida a los inmigrantes que siguen llegando: bolivianos, peruanos, coreanos, paraguayos, chilenos, que siguen enfrentando los viejos dramas de la sociedad, siempre actualizados. Todo esto se expresa a través de formas muy variadas: el sainete, el grotesco, el espectáculo circense. Donde hay momentos de auténtica creación teatral, como el ilusorio enfrentamiento de los inquilinos del conventillo con las tropas del general Roca, que adquiere la magia de un cuadro vivo o de una tira de historieta.

O el encuadre de la procesión con cantos en los que reclaman con amor y libertad, pizza y fainá.Llegan con un mensaje simple y directo, con temas basados en historias que persisten en la memoria familiar enriquecidos por la dramaturgia. Y con un elenco al que el director Adhemar Bianchi ha dado cohesión, poniendo en pie un espectáculo que cuenta con una imaginativa utilización de los múltiples resortes del arte teatral.Este lugar -dice Cristina Paravano-fue centro de nucleamiento de un grupo grande de gente que participaba de las actividades comunitarias, desde arreglar las plazas, llenar los areneros u organizar choriceadas para reunir fondos. Yo asistí al primer encuentro con Adhemar Bianchi y entramos en esta propuesta personas de muy diferentes actividades, que logramos superar los pruritos o temores de ponernos capa y galera para actuar. En todos estos años, el grupo de teatro fue una institución que hizo de la plaza un lugar de encuentro provechoso.Este es nuestro homenaje a esos gringos que nos precedieron. No es formal, no es respetuoso.

Es transgresor y vital como lo eran los carnavales que ellos mismos festejaban, dice el programa de mano. Tampoco tiene ninguna pretensión histórica o antropológica -se asegura-; sólo afloran en la obra fragmentos de personajes, historias o leyendas de la gente de la Boca. A Francisco Belevicius, por ejemplo, en el espectáculo le han tocado diversos papeles: el de un vasco muy tierno y muy bruto que se enamora de una polaquita, o el de un alemán que viene escapando de no se sabe quién y logra reunir a la gente en una huelga de inquilinos. Es una obra con la que me siento identificado y me da orgullo estar aquí, afirma este descendiente de lituanos .La música cumple, en la primera parte, con el papel que sirvió, cuando el espectáculo se ofrecía en la plaza, para convocar al público a la representación. La orquesta La Bandina ejecuta con abundancia de flautas, clarinetes y saxos, los ritmos de tango, jazz, milonga, y hasta una adaptación a la tarantela de la música de Los locos Adams.

Ahora que tienen el galpón como teatro, la orquesta se constituye en la primera parte de la función teatral y afuera, a sus puertas, un espectáculo de equilibristas y acróbatas sigue cumpliendo la función de llamar la atención de los paseantes. La Bandina servirá también para que los actores, mimos y titiriteros que componen el elenco expresen con clásicos y variados sones populares (Bella ciao, Los gitanillos, Donde vas con mantón de Manila, El romance del Conde Olinos, La donna Š mobile) los reclamos, la nostalgia o los atropellos. Pero todo expresado con un humor simple y directo que no da vueltas para llegar al espectador.

Venimos de muy lejos sigue ajustando cambios y sumando personajes o intérpretes. Siempre con el apoyo por un público que comparte las emociones que se proyectan desde el escenario. Tal vez porque se trata de un espectáculo que mantiene la esencia popular y echó raíces en el barrio, que le responde con igual generosidad.

http://edant.clarin.com/diario/1997/11/27/c-00801d.htm