Del barrio de la Boca, al mundo

Diario Clarín

Trabaja con los vecinos en la elaboración del texto y de la puesta. Fue invitado a difundir su método en Misiones y en Washington. Su obra El Fulgor Argentino se presentará este año en Barcelona y Roma.

Su último espectáculo, El fulgor argentino, agotó las entradas en 172 funciones que reunieron a 51.000 espectadores. Fue invitado a dar seminarios sobre su método de trabajo y a constituir grupos teatrales en Misiones y en Washington. Y por si esto fuera poco, pondrá en pie este año una carpa itinerante para acercar el teatro a barrios porteños donde los espectáculos parecen estar mucho más lejos.

Quien está a la cabeza de esta historia es Adhemar Bianchi, un uruguayo de 55 años, robusto y de tupida barba, que fue actor y director en el Teatro Circular de Montevideo y llegó a Buenos Aires en el 73, empujado por los avatares políticos. Aquí se ganó la vida en el mundo editorial como vendedor, gerente y luego dueño de una librería en la calle Corrientes, hasta que se reencontró con el teatro, se afincó en la Boca y en los 80 inició el camino del Grupo Catalinas Sur.

Hoy, Bianchi define este presente de logros y reconocimientos como el de "un buen momento" en el que a los resultados —que incluyen la compra de un amplio galpón que sirve como sala— se suma la construcción de nuevos talleres, camarines, oficinas y sala de grabación.

¿Cómo se logra?, es el interrogante frente a las quejas del ámbito teatral donde, a pesar de los picos de calidad y cantidad que se alcanzan anualmente, sigue sufriéndose una crisis que no afloja.

Bianchi aclara que Catalinas no es una empresa y que todo el dinero que entra va para ampliar las estructuras y seguir haciendo cosas. "Aquí nadie pierde o gana dinero y sólo los que enseñan en los talleres o los coordinadores tienen honorarios que paga el Gobierno de la Ciudad."

Siendo una estructura similar a la de los teatros independientes, la diferencia de salud que goza Catalinas Sur está obviamente en relación con el apoyo del público.

El conjunto se inició en el 83, en la plaza Malvinas Argentinas de la Boca, con un bombo prestado por el Sindicato de Relo jeros y fue creciendo con el tiempo. En el 97 hizo pie en Benito Peréz Galdós 92, y se cambió la gorra por la boletería.

Siempre hubo mucha gente alrededor. Empezaron con unos 40 integrantes —hoy son 200— y una recopilación de textos del Siglo de Oro Español y otros del teatro popular. "Desde el principio tuvimos planteos ambiciosos a nivel del concepto de la fiesta, de lo teatral y de lo épico", afirma.

No lo detuvo el hecho de que algunos textos parecieran lejanos en el tiempo, porque confió en el origen de comedia de personajes arquetípicos, que en en el pasado se representaban en la calle. "El teatro clásico siempre tiene algo que ver con el poder, y esto se entiende. Pero también había algunos textos como el de García Lorca de Don Cristóbal y Rosita y era gracioso encontrar a chicos de la Boca recitando por la calle: Tengo dos tetitas como dos naranjitas y un culito como un quesito. Tuvimos la suerte de que todo lo que hicimos pensando que iba a ser entendido por la gente, gustó".

Desarrollaron también otras propuestas como conjuntos de candombe, murga y títeres. Simúltaneamente, fueron poniendo un pie en la realidad con acciones solidarias en el barrio: representaciones gratuitas para niños o la teatralización de campañas de divulgación.

Entre los espectáculos que más impactaron están Venimos de muy lejos (1990) y El fulgor argentino (1998). Para el primero se realizó un largo trabajo de investigación con hijos y nietos de inmigrantes de la Boca, muchos de los cuales se convirtieron en los protagonistas de sus propias historias. El fulgor argentino es una cabalgata del siglo XX sobre la política, sus luces y sombras, donde se mezclaron estilos y géneros. Los dos títulos tuvieron tan buena acogida que ambos se reestrenan periódicamente.

Según Bianchi, hay un gran prejuicio sobre las tradiciones populares: "Desaparecieron la murga, la revista, el candombe, los sainetes, el circo. Pero nosotros las adaptamos y sentimos que estaban vivas, que se podían volver a mezclar con otras formas del teatro popular aún vigentes.

El fenómeno generado por el Grupo Catalinas Sur se expandió por el interior y el exterior. En Oberá, Posadas y El Dorado (Misiones), Bianchi realizó seminarios y puestas teatrales, donde abordó el tema de la inmigración en clave regional. Y el año pasado fue invitado a Washington, Estados Unidos, por el grupo hispano Gala, donde puso en marcha una obra sobre las vicisitudes de los habitantes de barrios con predominio de población latinoamericana.

También se cosechó en el ámbito internacional, gracias al Festival de Teatro de Buenos Aires, que atrajo hasta la Boca a directores extranjeros. Así, El fulgor argentino participará este año en las muestras Grec 2001, de Barcelona, y Roma-Europa, donde la compañía fue invitada.

Otra de las realizaciones, próxima a concretarse en marzo o abril, tiene que ver con el plan ya aprobado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad. Se llamará Vereda Solidaria y consistirá en una carpa itinerante que recorrerá distintos barrios, fundamentalmente en las zonas del sur, las más carenciadas.

"Esto no tienen nada que ver con los megaproyectos" —dice Bianchi. Y agrega, para sintetizar su confianza en el futuro: "Creo que el teatro porteño ha perdido el contacto con el gran público; pero es la gente común la que ahora está empujando para que comience un nuevo ciclo".

http://edant.clarin.com/diario/2001/01/16/c-00301.htm